Bienvenid@ al Blog de las Artes del Ceo Bethencourt y Molina

Cuando una lleva ya unos años (bastantes) en esta profesión llega un momento en que piensa que ha perdido la capacidad de sorpresa. Sin embargo, tengo que confesar que afortunadamente, mis alumnos siguen dándome  alegrías tan gratificantes que me hacen seguir creyendo y amando  esta profesión tan controvertida, tan denostada, a veces y tan incomprendida, otras. El documento que incluyo a continuacion está escrito por un alumno de 3º de Diversificación Curricular y constituye un ejemplo emocionante de esos alicientes preciosos que me sigo encontrando. Y lo más importante: ha sido gestado y elaborado enteramente por iniciativa suya. Espero que lo lean como lo que es: un testimonio de voluntad, de iniciativa y de homenaje a sus raíces. Yo he aprendido mucho de él. Y me ha hecho sentir orgullosa de ser profesora. Gracias, Asdrúbal, por tus ganas de aprender, por tu sentido de la gratitud, del valor del esfuerzo y por tu humanidad.

 

                                                           

 

 

                                                     

 

Estoy orgulloso de estudiar en este instituto, porque aquí estudiaron casi todos mis familiares. Uno de ellos, mi bisabuelo Erasmo Tejera, hizo los planos de este edificio. Él era el constructor y capataz al mismo tiempo. Tenía una cuadrilla a su cargo y en ella puso a sus dos hijos, muy jovencitos a trabajar con él (Ignacio y Erasmo).
Este fue el primer colegio público que se hizo en Barranco Grande. En aquella época había por esta zona pocas casas de familia grandes. No estaba ni siquiera la iglesia de San Felipe. No había más que huertas por todos lados.
Los alumnos, que venían de muchos sitios, iban a los grupos escolares situados en lo que ahora se llama Cuevas Blancas. El Colegio Bethencourt y Molina se levantó en tres plantas, según me cuenta mi madre. Al principio, no tenía biblioteca, pero sí tenía comedor. Donde hoy están los garajes estaba la única entrada del edificio. Era de picón y tierra. La cancha era un patio sin escalera. Pero mi madre me cuenta que ella, sus hermanos y sus primos venían encantados a estudiar a su colegio nuevo.
Como anécdota quiero contarles que en la construcción de las escaleras que accedían a las distintas plantas, mi bisabuelo tenía una costumbre:  poner una peseta en cada nuevo escalón que construían.
Yo no he podido acceder a los planos. Son muy antiguos y no sé dónde están. Pero sí sé que mi bisabuelo fue un gran trabajador y que hizo las cosas bien.
Mi madre me cuenta que está muy orgullosa de haber estudiado en este Colegio. Lo hizo con un cuaderno, un lápiz y una goma. Y si no había goma, miga de pan para borrar. De la familia de mi madre, algunos terminaron sus estudios. Otros, no, porque tuvieron que ponerse a trabajar para poder comer.
Todos hemos seguido con nuestra vida. Me hubiera gustado aportar alguna foto de mi bisabuelo, para que vieran cómo era. Yo no sabía nada de él, porque mientras vivió, yo no había nacido. Lo que sé de él, me lo ha contado mi madre.
Gracias, bisabuelo, por tu labor. Si todavía estuvieras vivo te daría un gran abrazo.
Tu bisnieto,
Asdrúbal.
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Comentarios en: "LA SATISFACCIÓN DE SER DOCENTE" (4)

  1. Humberto Domínguez dijo:

    Como muy bien dices, Rosa, estas son las cosas que siguen haciendonos amar esta profesión. Cuando nuestros alumnos van madurando y creciendo es cuando se ven los frutos de nuestro trabajo, cuando ellos son capaces, como Asdrúbal aquí, de mirar hacia su pasado, familiar en este caso, y mostrarse orgullosos de él, de entender que son parte de una humanidad, de una familia, de una historia, es que un granito de arena hemos puesto en su camino y, es lógico, nos consideramos participes de esa madurez.

  2. Malén 3ºDC dijo:

    Tengo que confensar que me emocioné con él cuando lo leyó en clase, pero ahora una vez más, con tan solo recordar con la emoción y con el tono de voz que lo contaba en clase, leyendo me he dado cuenta de que hayan lo que hayan hecho nuestros familiares debemos de estar orgullosos de ellos, para que las generaciones que vienen después de nosotros también estén orgullosos de nosotros.
    Felicidades Asdrúbal por esta gran reflexión, muchos deberíamos de quitarnos ese miedo de afrontar nuestra vida tal y como es, y hacer reflexiones de este tipo, y veríamos que así las cosas no irían un poco mejor.
    Un saludo para ti Rosa también.

  3. Hola Rosa, una vez leí y apunté en mi agenda de trabajo porque me gustó mucho que “Aprendemos haciendo cuando nos emocionamos”. Esta entrada del blog es un claro ejemplo de tu trabajo con el alumnado, que lo escuchas y “sacas” lo mejor de ellos.
    Felicidades a Asdrúbal y a tí por emocionarnos.

  4. Gracias a tod@s por la emoción compartida. Estas pequeñas cosas son las que hacen grande y hermosa la profesión de educar y aprender educando.
    Rosa.

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